diumenge, 21 d’octubre del 2012

‘’El viajero ve lo que ve, el turista ve lo que ha venido a ver’’ G.K Chesterton


Se dice que las circunstancias que se dan a tu alrededor construyen tu forma de ser. Puede ser verdad o puede no serlo, pero en mi caso sí que han influido. Me refiero a la forma de vivir nuestras vacaciones. La palabra vacaciones tiene muchas definiciones dependiendo de la experiencia de cada persona. Para algunos, ‘’vacaciones’’ significa playa, piscina; para otras, coger un avión y volar al otro lado del mundo, o alquilar un apartamento en la costa… Para mí, ‘’vacaciones’’ resulta ser una palabra que me transmite aventura, sorpresa… Preparar y equipar la furgoneta, que nos va a servir de segunda residencia durante las dos semanas, y partir; sin reservas pero con un destino, ¡lo cual me encanta!
Me apasiona vivir la experiencia de descubrir qué rincón nos oculta la naturaleza en el ‘’inexplorado’’ país.
Ahora me viene a la memoria el viaje a la tierra de Heidi, Suiza. Allí, estuvieses donde estuvieses, el panorama era impresionante: si te le levantabas por la noche y mirabas por la ventana de la furgoneta, se veían unas montañas nevadas (¡y en pleno mes de Julio!) y un cielo estrellado que te paralizaba.
Una noche, acampamos cerca de un río muy alborotado. Se acercaba una tormenta. Pero nos instalamos rápidamente y, en pocos instantes, empezó a llover. Dormimos plácidamente escuchando la música del río y de la lluvia. Y a medianoche mi padre se despertó y se dio cuenta de que el caudal del río había subido. El río enfurecido estaba punto de alcanzarnos. Al final tuvimos que trasladarnos a otro prado sin peligro de inundaciones. En medio de relámpagos y truenos las gotas impactaban con vigor contra el suelo.
También recuerdo el viaje a Córcega, la isla donde nació Napoleón. Fuimos con unos amigos, y decidimos hacer una ruta de dos días y una noche por las montañas. Reconozco que el camino fue duro, pero como éramos muchos nos lo pasamos muy bien. El camino duró ocho horas y, cuando por fin logramos la cima, avistaron el refugio.
-          ¡Viva! ¡El refugio!-exclamaron los primeros en llegar.
-          ¿Sí? ¡Por fin!-nos ilusionamos el resto
Pero cuando llegamos arriba, vimos todo el camino recorrido y el que nos quedaba aún por delante. ¡Qué ilusiones nos habíamos hecho! El refugio estaba tan lejos que ¡Sólo de veía con prismáticos!
Pero, el viaje que por el momento más me ha marcado ha sido el de Irlanda. Nos embarcamos con la furgoneta en un ferry y, esta vez en mi equipaje añadí mi violín.
Habíamos quedado con una familia cuyos hijos estudian música. Allí, además de conocer el país, tocamos juntos canciones tradicionales cada día en alguna parte de las ciudades más populares. Nos divertíamos, ganábamos dinero y entreteníamos a la gente que paseaba por las calles. Se amontonaban, aplaudían e incluso bailaban; hasta el punto que un día nos pusimos a tocar al lado de un pub, y al cabo de media hora vino el propietario, un típico irlandés pelirrojo de estatura media y un poco ancho de cuerpo y cara, que llevaba pendientes y un sombrero de propaganda, y que muy satisfecho nos regaló un refresco a cada uno. Nos dijo que ¡Le habíamos traído clientes!
El recuerdo de todas estas vivencias me deja un buen sabor de boca. Además, a estas experiencias tengo que sumarles los documentales de viajes que dan por la televisión. Me abren la puerta a una visión diferente del mundo. Es fantástico descubrir desde el sofá de mi casa, gente de parajes remotos, paisajes, culturas, costumbres, gastronomías y ver cómo los periodistas  conviven con ellos compartiendo su tiempo y encontrando nuevos verdaderos amigos. En realidad, me gustaría ocupar el lugar del periodista en alguno de sus programas.
Ahora falta hacerlo real.


                              

Cap comentari:

Publica un comentari a l'entrada