dimecres, 8 de febrer del 2012

BAMBÚ
Bambú. Esta palabra me transmite tranquilidad, sabiduría, paz, naturaleza, vida, belleza y serenidad. Me gusta la suavidad de su pronunciación.

LA FLAUTA DE BAMBÚ.
Era una mañana luminosa y húmeda de otoño. Las hojas juguetonas y enrojecidas de los arces bailaban al aire fresco. Las colinas empezaban a vestirse del blanco de las primeras nieves. Y yo y mi mejor amiga Dear, una mariposa de alas doradas, nos adentrábamos en el Gran Bosque de Bambú. Pasear por allí era una sensación mágica. Los rayos de sol intentaban travesar el espeso montón de ramas y cañas que nos hacían de tejado. Dear aleteaba ágilmente cerca de mí y de vez en cuando descansaba en mi pelo. La sensación de frío y humedad se hacía más y más intensa. Las hojas del suelo mojado crujían debajo de mis pies desnudos. Fue luego al oír un tiro y el grito de algún animal cuando se rompió el plácido silencio del bosque. Las dos nos asustamos a la vez y queríamos averiguar lo que había ocurrido. Salimos del camino y decidimos seguir rumbo hacia el lugar donde habíamos oído el grito. Al poco rato encontramos un pájaro azul cielo y rayas anaranjadas en el suelo. Tenía un ala herida. Con cuidado, lo recogí. Lo mantuve unos instantes en la palma de mi mano para darle calor. Tomé el pañuelo de seda que me regaló mi bisabuela, con mi nombre y unas flores brodadas, y le vendé el ala. Dear se escondía entre mis cabellos para pasar desapercibida del pico del ave. Yo observaba el pájaro con curiosidad. Nunca había visto nada igual. Tan pequeño, tan hermoso y de plumaje vivo. Era una especie exótica, quizás única en el mundo. De repente, el ave empezó a moverse y yo abrí la mano. Con seguridad tomó el vuelo y se alejó con mi pañuelo enlazado. Lo seguimos deprisa para no perderlo de vista y poder recuperar el pañuelo. Conforme avanzábamos oíamos una melodía. En un claro de bosque nos sorprendió la presencia de un anciano oriental de ojos alargados y barba blanca. Vestía con ropas sencillas y poco coloridas, y el pájaro azul estaba en su hombro. ¡Sin mi pañuelo! Seguramente se le cayó en el vuelo. El anciano ya se había dado cuenta de que Dear y yo estábamos allí pero decidió terminar la canción. La flauta era de bambú y tenía cenefas grabadas. Del instrumento salía una música fina y perfecta, parecía de sueños. El hombre alzó la cabeza y me dirigió un saludo en su idioma. Me llamó por mi nombre y me dio las gracias por haber salvado a su pájaro. Con entusiasmo me explicó la historia del ave. Me devolvió mi pañuelo y me regaló la bella flauta de bambú.
El sonido estridente del despertador me hizo despertar rápidamente. Estaba en mi habitación, la ventana que daba al parque, las cortinas rosas, el póster del bosque de bambú, la estantería llena de libros,… y en mi mano … ¡la flauta!

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